52. Una batalla silenciosa

#hastaquenosvolvamosaencontrar

Hoy es de esos días difíciles, en los que, sin decir nada, lo dices todo.

Siento un dolor interminable, una injusticia, una impotencia brutal que nos arrastra.

Doy dos pasos hacia adelante y tres hacia atrás, si siento que el dolor es menos sostenido en el tiempo, pero cuando aprieta duele más que nunca, son momentos míos, a veces compartidos con almas amigas, otros no, otros me los guardo, los lucho, los lloro y los grito.

Porque no hay mayor pena en este mundo que te arrebaten, que te roben el alma, eso hicieron cuando una intervención ambulatoria de unas horas se convirtió en el peor momento de mi vida, volver a casa, solos. Una casa vacía sin su olor, sus juegos de pelota con Max en la terraza, sus “babaus” tumbados con él en el sofá, todo su ser se desvaneció y me rodeó un halo de soledad, vacío y pérdida que jamás podré llenar con nada ni con nadie. Todos creamos recuerdos en la vida de quien queremos, Oscar fue especial y se ganó por derecho estar en la mente de quien le amó de cualquier forma.

La noche, el despertar o el simple instante en el sofá simplemente son tristes. Buscamos algo divertido que ver, algo que nos entretenga, algo que nos evada de seguir pensando en su ausencia.

Daría la vida por discutirme por la habitación sin recoger, por las largas duchas o por no recoger, daría la vida por besuquearle hasta que me apartara por pesada, abrazarle sin motivo o escuchar sus anécdotas del pasado entreno con sus dragones.

¿Cómo vas?, me preguntan. Hay días que siempre serán el día 1 de esta pesadilla, otros días sale el sol y la tregua me permite sonreír a la vida con la paz interior que me da sentir a mi hijo cerca, de otra forma, pero muy cerca. Eso es lo que me ayuda a levantarme.

¿Quién perdió más? por supuesto Óscar, sin duda, su futuro, sus ilusiones y sus esperanzas puestas en tanta motivación que pudiera tener un chico con 18 años cumplidos. La tristeza y la pena que llevamos tan adentro nos retiene y nos duele. Pero si pensamos en que nosotros tenemos la oportunidad que él ya no tendrá, de vivir una vida llena de color, hace que nuestro ego, el mío propio, deje de tener relevancia; aun así, nunca pensé que algo podría llegar a doler tanto, tan profundo y mantenido en el tiempo.

Aprender a vivir con ello es una lucha sin tiempo, sin tregua; es para siempre y eso es muy doloroso. Día a día nos permitimos decir, porque los suspiros al aire solo te permiten eso.

Duele ver que la vida pasa ajena a los demás, a otro ritmo y a una velocidad que no alcanzamos. Incluso a veces molesta hablar de la muerte, las personas rehúyen esa posible conversación, algo tan real como es la propia vida. Les duele, incluso incomoda, hablar de lo que no se conoce, hablar de dolor, algo tan recurrente en mi cotidiana existencia. Hablar de Óscar y de todo lo que es él en mi vida me haría estar horas soñando despierta, recordando mil y una anécdotas. Por todo ello viviría esta vida de calvario y agradecida por los dieciocho años junto a su lado, viéndole crecer en todas las formas posibles. Jamás cambiaría una sola noche de dolor por no haberle tenido, qué suerte tuvimos.

Si duro es perder a un hijo, hacerlo de la forma más absurda, traumática e injusta hace que todo se ensucie de una forma atroz. No nos dieron tiempo, sin despedidas, sin mirarnos a los ojos.

Cómo hacerles entender a esas personas que no cuidaron de Óscar como debieron y no fueron competentes para estar al frente de un quirófano, como hacerles entender, que son los culpables de nuestro dolor. Ahora solo me queda darle las buenas noches a un retrato que bendigo haberle hecho tantas veces, que sigo viendo la pancarta en el campo de futbol de camino a mi trabajo junto a ese lugar que tanto quería. Que encargo las flores más bonitas para honrar su lugar de reposo, que visito con frecuencia porque me sigue manteniendo cerca, de esa forma también.

Reír con alguien y que te haga olvidar que estabas triste es magia. Óscar siempre me saca una sonrisa, solo pensar en su energía me sostiene y me empuja, otro día más.


2 respuestas a “52. Una batalla silenciosa”

  1. Avatar de carmenql1959
    carmenql1959

    Montse, Jorge un abrazo muy fuerte, que no os devuelve a vuestro hijo, pero es de solidaridad con vosotros y vuestra familia.

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  2. Avatar de Mayte
    Mayte

    Desde que nos quitaron a Oscar siempre digo que lo más duro que hay en esta vida para una madre es perder un hijo y tener que seguir viviendo, no hay enfermedad ni dolor más grande que ese.
    Él se fue demasiado pronto y aquí nos quedamos intentando aprender a vivir con ello, nos quedamos con tantas cosas pendientes que no podra nunca nada reponer su falta y nos apañamos buscando algún sentido entre el dolor y los recuerdos.

    Después de 31 meses, su ausencia es cada día mayor, pues cada vez atesoramos y formamos recuerdos vivencias en las que Oscar no está, yo sigo prefiriendo los recuerdos en los que estábamos todos, por simple que parezcan son momentos imborrables.
    Un abrazo grande hermana y me encanta ver que ya subes videos de Oscar hablando en sus diferentes edades, son esos momentos en los que rio a la vez que me caen las lágrimas a mares, no dejes de hacerlo, no dejemos de hablar de Oscar!!! 🦋🫶✨️😘😘😘

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