Y de camino, la ruta se llena de nostalgia. Cuesta llenar el maletero sin tus cosas, una vez más. Comprar las chuches que te gustaban o pelearnos por la playlist de turno. Ahora soy yo quien escoge una música que me acerca a ti.
Me permito soltar alguna lágrima por lo que pudo haber sido, otro viaje en familia al sur, recorrer viñedos del Penedés, naranjos de Valencia hasta llegar a un horizonte de olivares que siempre nos acoge con amor.
Desconectar para reconectar, respirar y sentirte muy cerquita de mi, junto a Sandra y nosotros. Te tenemos tan presente como siempre, eso hace que parezca imposible no verte.

El amor que siento por ti me llena por dentro, alimenta la paz que busco y necesito. Si, el amor todo lo puede.
Hasta sentir dolor es sinónimo de haber querido y seguir amando como solo se puede amar a un hijo.
Gracias mi vida por regalarme esos fabulosos 18 años a tu lado, Sigues enseñándome lo bonito de la vida, día a día; aunque me permita a veces caer para volver con más energía.
