45 . Un ángel en mi árbol

Con todo lo que nos vuelve a remover, fechas en las que los momentos pasados están llenos de imágenes divertidas, teatrillos de los pequeños improvisados, bailoteos y saltos de ilusión en los ojos de los más pequeños y no tanto, cuesta…

Un simple “felices fiestas” se torna como digo yo “Grinch”, no es que no se agradezca, pero resulta absurdo, ¿no? Claro que estamos los que estamos y tirar adelante parece necesario, aunque a veces, solo querrías que pasaran los días. No sé de donde tomamos fuerzas para llenar el árbol de ilusión, quizás es que gusta más regalar que te regalen.

Haciendo un esfuerzo avanzamos, creando momentos bonitos con la gente que quiero, un árbol que me recuerda aquellas tardes adornando toda la casa, me ha costado en mi interior, pero ahí está, iluminando nuestro espacio más íntimo, nuestra zona de confort, con una figurita nueva y única. Curioso al menos, algo que para otros forma parte del decorado sin más, para nosotros es un símbolo de acogida, aceptación y continuidad, siempre juntos.

Duele aceptar que en otra vida, en otro lugar pueda ser que siga, en otra dimensión como algunos estudiosos dicen, yo mantengo esa esperanza, aunque… cuánto se echa de menos aquí, eso es algo que irá unido a mi hasta mi último día de vida.

Me ayudó mucho escuchar a una mamá reflexionar sobre que hubiera preferido, en mi caso, vivir 18 años a su lado o bien no haberle tenido nunca; obviamente hubiera escogido siempre la primera opción, y ello me lleva a entender que el dolor se transformará en un amor absoluto, poder recordar momentos vividos desde el lujo de haberle tenido tan cerca, reír con él, recuerdos de qué diría ahora, o qué haría, es algo habitual, porque sigue a su modo conmigo.

No me gusta decir que el tiempo cura, cura nuestra actitud, cura nuestra manera de sentirle, de soñarle, de afrontar cada nuevo día, de quererle pese a todo y ante todo, a medida que los meses pasan, siento que el proceso interior evoluciona. Y aceptar que todo lo que nos remueve es normal, comprensible y obligatorio hace que el transitar por este duelo se recoloque, siempre vamos a echar de menos a los de las sillas vacías, pero es que están en nuestro corazón y nuestra alma, a millones de kilómetros de distancia, iluminando nuestra senda y dándonos señales cuando verdaderamente toca.

Soy consciente de que siempre me dolerá en lo más profundo, el dolor de ver como se apagaba su luz, lo injusto y amarga que fue su marcha, qué mal lo llegaron hacer y que por la culpa de su inacción, incompetencia y dejadez provocaron su muerte, una muerte en vida mantenida por un respirador artificial, para que después nosotros tuviéramos que decidir desconectarle; todo ello convive con nosotros cada día, aunque la cortina de la vida que sigue para todos lo oculte, imágenes de desesperación e impotencia junto a Oscar que siempre nos acompañaran, siguen en nuestro recuerdo.

Ansío que los bonitos recuerdos difuminen sus últimos días., deseo con todo mi corazón, que mi energía sea positiva, y que su luz, como reza en su lápida ilumine nuestro camino.

Las lágrimas brotarán sin más, un recuerdo, una imagen harán que vea qué injusta puede ser la vida. Consuela entender y aceptar sin miedo, que todos tenemos fecha de caducidad y que nos tocará en algún momento a todos, y unos lloraremos la ausencia de los otros. Ojalá brindar también por los que dejaron esta vida, por ellos y por todo lo vivido. Que lo vivido con ellos diluya el dolor de su marcha, un honor haberles conocido.

Por ello, siendo Navidad, como otras fechas señaladas, pido estar serena, tranquila, con los míos y tener fuerzas para afrontar la ausencia de su sonrisa, su queja de que nunca comía gambas y que no le gustaba el jamón, que con su fanta de limón y unas croquetas era suficiente y feliz.

La vida nos da y nos quita, sin permiso. Sentir cada momento mirando a los ojos y queriendo mucho, agradecer o no, sentirse afortunado o no, es decisión de todos y del tiempo que cada cual necesitemos para vivir un día más.

A todas aquellas personas que dieron calor a mi corazón helado, a aquellas que con un abrazo consolaron mi cuerpo, a aquellas que con su tiempo, lo más valioso que tenemos, acogieron mis lágrimas y me escucharon sin juzgar, a aquellas que con su risa, su gracia y sus palabras me hicieron reír hasta no poder más, a aquellas que siguieron mis pasos y me acompañaron dando luz a mi camino, a las que me dieron las buenas noches o los buenos días, un día sí y otro también, y sobre todo a las que su mundo cambió cuando Oscar llegó y se quedó en su corazón; a todas ellas les deseo lo mejor que podemos poseer, regalar, crear y sentir: salud y afecto.

Un día a la vez.


5 respuestas a “45 . Un ángel en mi árbol”

  1. Avatar de
    Anónimo

    Como siempre, sin palabras!! ❤️

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  2. Avatar de Antonio Ferreiro
    Antonio Ferreiro

    Ahí está

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    1. Avatar de Cristina
      Cristina

      Te deseo lo mejor de corazón,un abrazo

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    2. Avatar de Cristina
      Cristina

      Os deseo lo mejor de corazón,un abrazgran familia

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  3. Avatar de Mayte
    Mayte

    El tiempo sólo cura las heridas físicas, esas que aunque haya marca no dejan huella, pero para las heridas que de verdad duelen no hay tiempo ni nada que las calmen ni las diluyan, porque perder a Oscar no fue solo un 29 de Marzo… cada día lo perdemos y vas a ser así cada día de nuestra vida.
    Su silla vacía en estos días hace que desee pasen pronto estas fiestas, días agridulces que hay que sobrellevar por los que aun están y se merecen tener a su alrededor lo que más quieren,

    Toca brindar por Oscar y por mi bonita familia!!!
    🫶🫶🫶🫶🥂💕🦋♾️

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