Y de repente el nudo se hace tenso, aprieta, la comida no baja pero las lágrimas si. Una de esas veces que compartes dolor, pena y una profunda desolación.
Y no sabes si llorar con ella o mantener el tipo, es tu madre y aguantas; no sabes porqué de golpe te inunda una tristeza absoluta, una rabia que ya aprendes a controlar pero que no cesa, la impotencia, sentir que hoy es un día más y a la vez se cumplen 10 meses desde ese adiós doloroso. Nunca antes me sentí más fuera de lugar que aquel día, un 5 de abril, que ya está cerca.
Hoy mi madre me ha dicho lo que tan solo unas horas antes y entre lágrimas y abrazadas le dije a mi hija : “ojalá pudiera arrancarte un poco de ese dolor que llevas dentro y quedármelo para mi”.
Cada vez que llegan momentos que me remueven, que me quitan el temple y me llevan a ese abismo, la incomodidad de seguir aquí se hace insostenible.
Me cuesta mirarle, esos ojitos risueños en un retrato que me observan junto a una luz perenne. Mi Oscar, mi cielo y mi luz.
Maldita sea la vida, la mala suerte, el destino y toda conjunción que hizo que tu vida acabara con tan solo 18 años. Cuánto vivido y cuánto por vivir. Y no solo por tu corta edad, sino porque formabas parte de un todo que ahora está cojo, perdido, sin rumbo…esperando abandonar la deriva guiado por una luz, tu luz.
En tu lápida reza : “En nuestro cielo eres la estrella más bonita, guía nuestro camino con tu luz”
Todavía no sé cual es mi objetivo en la vida, solo deseo que tu ausencia, esa pérdida que nos ha colapsado haga que encuentre el camino a seguir, solo puedo confiar en ti cariño. Quiero mantener mi fe, fe en ti y en lo que sigue creciendo dentro de mi gracias a ti.
¡Qué daría por un abrazo tuyo!, parte de mi vida entera.
