Ojalá volver a Enero 2023, donde los propósitos más reiterados cada inicio de año fueran los míos; ahora me obligo a intentar al menos levantarme cada mañana con un “esto es lo que nos ha tocado vivir, para siempre”. Así que toca elegir como afrontar el día a día.
Quisiera un enero de besos y abrazos, de esos que sientes, apretas y entregas. Quisiera recordar el último abrazo que te di, el último masajito de espalda o las últimas cosquillas.
Cómo no recordar esta noche mágica año tras año; el primero en levantarse era él, aparecía su cuerpecito con su bata “de abuelo”, a rayas y anudada, su frase de siempre era “Ala! Lo que yo quería!” se le iluminaba la carita y la nuestra. Y junto a su tata iban buscando y abriendo regalos; siempre había uno escondido que era el más especial y esperado… Todavía no soy capaz de ver aquellos vídeos de cada 6 de Enero, despeinados y somnolientos, con caras de ilusión y ojos hinchados.
Siempre y aún con 18 años aguardaba la sorpresa de si había algún regalo bajo el árbol, nunca faltó alguna sorpresa.
Y hoy nuestro paseo no ha sido para recoger caramelos o carbón, hoy nos hemos sentado junto a él, en el banco que hay frente al lugar en el que descansa.
Y es que, cuando me voy a dormir y apago la vela junto a su foto, pienso mientras repaso su rostro, las líneas su cara y recuerdo el tacto de su piel, que se me hace difícil creer que ya no esté aquí, y como echo de menos su todo.
Pasados estos días, siento que ya respiro normalidad, superé no sin dificultad una etapa durísima llena de dolor y nostalgia, releo los whatsaps compartidos hasta el 28 de marzo… cuesta no anclarse en el pasado, un pasado completo y perfecto.
Ojalá esta noche mágica convirtiera mi deseo en realidad; que todo hubiera sido un sueño.
“ mamá…
… ¿nos podemos levantar ya?”
