Casualidad que el día de Navidad sea el mismo que mi entrada, el 25. Lo que pensé que sería una manera de desahogar mi dolor y hacer saber quién fue Oscar, quién es para nosotros, se ha convertido en un torbellino que me ha empujado con constancia, más de 47 mil visitas al blog en todo el mundo y las ganas mezcladas con la necesidad de plasmar mi interior en estos escritos han hecho que encuentre una forma de sobrellevar e integrar en mi día a día este nuevo rumbo, este camino que se labra día a día.
No hay palabras suficientes para digerir estos días, con sentimientos en lucha constante de angustia, rabia, pena, y ese echar de menos hasta decir basta, esas lágrimas incontrolables con cada luz de fiesta, árbol decorado, o ese «Feliz Navidad» que se antoja ridículo, que sobra y ojo… que se entiende, que «es lo que toca». A mí me tocaba esconder regalos, envolverlos con cariño, ilusionarme con su cara cuando viera algo nuevo, no era de pedir mucho, somos una familia sencilla como miles, sin más pretensión que cultivar eso que tantas noches sin dormir y suspiros en el aire nos marcan desde que somos padres; el anhelo de unos hijos, una prosperidad y un crecimiento a su lado.
Y es que recuerdo su reloj y su abrigo nuevos de la Navidad pasada, ahí están, los lució en fin de año, tan bonito y elegante, mi niño, mi luz. Hoy no preparo nada para él, porque lo llevo en mi corazón para toda la vida, ese es su regalo hacia mí y el mío hacia él.
Me siento enfadada con la vida, ella que tanto nos aporta y que tantas ilusiones nos ofrece, objetivos y propósitos me ha robado, me ha quitado las ganas de vivir, cuanta más ilusión veo en la calle más abatida me siento. Y la Navidad que tanto me gustaba, esos días de casa calentita, tardes de sofá y manta, de sorpresas y familia inesperada se hacen tan difíciles… Una vida que nos está diciendo “AHORA” y nos lo dice de muchas formas, que el tiempo pasa rápido, que no somos eternos y que aunque no podemos cambiar el pasado ni adivinar el futuro, tenemos la oportunidad del “aquí y el ahora”.
Da igual si es abril, octubre o diciembre, el sentimiento de vacío es atemporal, la imagen de mi niño frágil y desamparado me ataca en lo más profundo, ese dolor que se te pega a la piel y se adentra y sabes…que nunca más te dejará sola.
Solo tú Oscar y tu tata Sandra conocéis cómo suena mi corazón por dentro, solo vosotros albergáis un adn, un enlace irrompible que atraviesa cualquier mundo, vida o universo. Sois el vínculo más firme y robusto que alberga mi interior y me da fuerzas para dar un paso más.
Sandra, dicen que a los que fuimos fuertes durante el 2023 nos toca ser felices en el 2024. Eso será complicado, aunque con el cariño de todos los que nos dan su calor que son muchos y con la fuerza de mantenernos unidos acogeremos en nuestra vida la ausencia de Oscar. El papa y yo sabemos que él nos ha traído una familia numerosa, personas que te ofrecen su apoyo incondicional, siempre ahí, que vienen con un paraguas cuando hay tormenta, que se merecen disfrutar de la familia estos días y que sabemos que tienen el corazón «partío», porque para ellos tampoco será igual, ni la decoración ni la risa será tan amplia en muchas casas. El dolor compartido se lleva mejor.
Y siendo más piña que nunca estos días, nos uniremos y tendremos ese lugar especial para él y aunque me cuesta contar 3 a la pregunta ¿cuántos somos?, seremos 4, siempre 4. Y estaremos unidos, y cada familia que nos ha acompañado durante esta pesadilla se merece disfrutar y al tiempo, aguardar unos segundos sentados a la mesa, mirar al rededor y valorar lo afortunados que somos.

Y si, llegó la Navidad, como llegó ese otro día especial, amargo de digerir sin él, pero.. pasará como un día más, y el equipo “todos a una” estará remando en la misma dirección porque esta tormenta nos llevará a una calma que aún no vemos. Y ese será mi deseo al ver la mesa llena con una silla vacía, que la vida nos de tregua, que veamos a nuestra princesa por un camino que nos permita ver una luz, una ilusión en la vida, cuando se vislumbre una luz especial sepamos que estás guiándole, eso será mi Navidad a partir de ahora.
Os invito a sentir por un momento esa estrella fugaz que recorre como una brisa y roza nuestra piel y nos dice “aquí y ahora”.
“Brindemos por nosotros y por los de arriba“
