Hoy salí a la calle, no recordaba el último día que salí, que me tocara el sol, lucir una sonrisa y sumergirme en tiendas de decoración, me encantaba buscar y observar cosas bonitas e imaginármelas en casa. No recordaba maquillarme con calma pensando en un día fabuloso. Sentirme “guapa” buscar una canción de esas que te suben la moral y que gritas en el coche como una loca y te dices, guau hoy va a ser un gran día.
Llevamos días en casa, ya sabéis la salud no nos acompaña, en fin, me he dado cuenta que soy capaz de conformarme, adaptarme y que la resiliencia existe en mi. No quiere decir que lo haya conseguido, pero “aceptación” forma parte de mis deberes diarios.
Y hoy salí a la calle, poca cosa, porque mezclarte con la multitud te diluye y difumina, pero al mismo tiempo siempre hay alguien amable que te saluda, a veces un tímido hola, otras veces un abrazo. Todo es bienvenido, y aún me preguntan ¿cómo estás? Sigo buscando la respuesta cortés y adecuada. Si supieran la verdad…
Sigo buscando el botón de bobinar hasta el 7 de enero, porque estoy aprendiendo a decir, a qué sí y a qué no, a escoger, a que yo voy por delante, que los filtros se acabaron.
Y los días pasan, las fechas señaladas se te pegan a la piel y sabes que no puedes rodearlas, saltarlas, … aprendes a prepararte para respirar y sentirlas. Este año, las primeras veces son difíciles de esperar, mucho menos desear. El día de la madre fue duro, agridulce y costó asimilar ser madre de dos soles y que uno de ellos sea ahora mi estrella, esa que luce con fuerza cada noche. Mi cumpleaños sin su beso, y después llegó su cumpleaños fue…triste aunque lleno de unión gracias al calor inmenso que solapó su ausencia terrenal, pero él estaba con nosotros, en todos nuestros pensamientos y corazones.
Y ahora llega esa infinidad de luz, color, en definitiva esa época que tiempo atrás, mientras yo preparaba con todo detalle, muchos expresaban, “no me gusta la Navidad”, “ojalá pase pronto… y mientras, yo disfrutaba organizando los 24 calcetines colgados de punta a punta en el salón, “¡ prohibido tocar! Solo coged el del día, todo repetido y lo mismo para los dos. Primer golpe de realidad.

Mi mesa estará siempre lista para vosotros.
A veces me siento como Mr. Scrooge de “Cuento de Navidad”, me enfada ver una simple bola del árbol porque me recuerda a las que tengo en una caja de cartón con el nombre de todos, y allí está su nombre, 5 bolas rojas con nuestros nombres y 4 abuelitos de madera con los nombres de los 4 abuelos, esos que se sientan a mi mesa desde hace 25 años, el día de Navidad; siempre pensé que uno de esos angelitos se convertiría en eso, en un angelito en nuestro cielo, porque eso es lo que nos han enseñado, un orden lógico, estricto y racional; de eso nada, hoy estamos y mañana será otro día, eso vale para tí también que me lees.
Mi interior se enfada por los planes, los viajes, las celebraciones o los sueños, en definitiva todo lo que engloba estos días; y al mismo tiempo vivo día a día, no da para más y me digo que es una vida paralela la que hay ahí afuera, paralela a mi rutina, esa lucha interna que me dice qué hacer para cuidarme, para sobrellevar esto como toca, aunque no he encontrado todavía el libro de instrucciones, … no lo encontré para ser madre, menos lo habrá para perder a un hijo…
Se me amontonan los pensamientos, sentimientos contradictorios y las ganas de escribir, de sacar todo lo que llevo en mi interior. Pero a veces siento que es tanto, tanto… rabia, dolor, pena, tristeza, ira, enfado con la vida que me ha tocado, porque todos estamos en el bombo, todos, y ¿porque a mi?, me da miedo perder las formas. Formas que intento mantener por la memoria de mi hijo, por el respeto a su manera de ser, cero conflictos, no le gustaba enfrentarse a nadie, y esa fue otra lección de saber estar que intento respetar, mantengo latente mi rabia, contengo ese fuego hasta el día que vea ajusticiados a los que ahogaron mi lamento en un mundo obligado a vivir, que no quiero ni elegí. Veré un día como la justicia llega para todos, y quizás ni eso sea paz para mí, seguramente no; porque después de ver lo que el ser humano es capaz de hacer, saber que la justicia es la interpretación del más listo, sabio, cualificado o conocedor de artimañas para acabar convenciendo a otros pocos de que lo que vale es lo suyo…después de eso, para mi la justicia es que se sepa quienes son los que están detrás de esta tragedia, totalmente innecesaria, que no llegó de una enfermedad, un accidente o algo que tocaba. Que los padres, hijos, hermanos y amigos de esos seres que estuvieron allí sepan qué hicieron; no hubo disculpa, lamento ni un perdón durante 4 largos días en aquel infierno de hospital, que sobre su conciencia recaiga ese daño irreversible.
No tocaba tener una silla vacía en mi mesa en Navidad, en cada día de mi vida, cada desayuno, cada cena, no tocaba.
Me tocaba recoger a regañadientes la ropa del suelo, enfadarme porque no sacó a Max cuando le tocaba, porque dejó el baño desordenado o su cuarto como una leonera, “ahora es mi cueva favorita”, porque se olvidaba de apuntar comprar los cereales en la lista o sus fantas de limón, por pedirme cosas a ultima hora, porque se durmió y no llegó a tiempo al instituto, por jugar de madrugada y despertarme; ojalá enfadarme, ojalá aburrirme de oír mis quejas de todo, “que pesada mamá”, bendita crítica, ya no soy pesada para nadie, ya no me enfado, hasta esa parte me la han robado y quiero justicia.
Porque ahora los buenos tenemos que ir al psicólogo por lo malo que hacen otros. Y tengo que pensar en que hay otra vida mejor para él, auto convencerme que está conmigo, que él querría esto o aquello, que mientras lo tenga en mi corazón permanecerá a mi lado….y sí, tengo que hacer todo eso porque ellos me obligaron.
Hoy hace 8 meses me preparaba para darle el último adiós en persona, para llevarlo conmigo para siempre, grabado en mi piel, mi alma y mi corazón. Porque él ya no se iría nunca más a ningún otro lugar que no fuera mi corazón.
Y gracias a dolor que siento, entiendo lo inmensamente feliz que fui en esa vida, una vida plena donde nada faltaba. Porque mi dolor es irremediablemente proporcional a la felicidad que se instaló en mi vida al tenerlo todo y a veces no apreciarlo. Aunque siempre agradecía mi vida, mi familia y la salud que nos rodeaba a todos.
Que las mochilas que todos llevamos no impidan coger impulso y sonreírle a la vida; no sé si algún día tendré oportunidad de sentir mi risa nuevamente plena y feliz, mientras, a ti te pido : mira a tu alrededor amigo, amiga, revisa en tu mundo, no qué te falta sino qué tienes en tu vida, quizás lo tienes sentado a tu lado y no te das cuenta que tu vida si ello, sería un infierno, así que vive, siente y ama hoy, recuerda que no depende de nosotros qué ocurrirá mañana.
Y llega la Navidad …
