Aunque hoy es un día más sin ti, un despertar sabiendo que te falta una parte de ti, un jueves sin más, no puedo dejar de pensar que hoy hace 3 meses que te vi marchar en una camilla y jamás vi otra vez tus ojitos, que nos arrebataron lo vital en nuestras vidas.
Porque yo extraño todo de ti
Pero también extraño esa parte de mí
Y me preguntan ¿cómo estás? ¿mejor? … mejor porque hace 3 meses y no uno? , o porque no fue ayer cuando tuve que desconectarte de un respirador? porque no fue ayer que te vi marchar para siempre? o porque «hay que tirar para adelante» ?! de verdad que me pregunto a veces si algún día este dolor tan mío, tan profundo, se verá suavizado, y no, no estoy mejor.
Porque estoy enfadada con la vida, siento rabia, rabia de razón, amargura, barbarie, ira y ardor en la sangre porque lo que me arrebataron, me ha dejado un sinsentido en el cuerpo y en el alma que duele y mucho. Un enfado en mi interior, no me importan las tonterías ni soporto lo que no está a la altura, dejo ir lo que me sobra y arropo todo aquello nuevo que me ayuda. GRACIAS.
Y yo era de las que decía : Sí…la vida es injusta, pero tanto? incomprensible y tan doloroso que cuando pienso que esto es para toda la vida se me encoge el corazón, le veo por todas partes, al cruzarme un niño con su padre charlando, cuando vi a un chico con su pareja, en todas las formas posibles, miro al cielo buscando una señal pero me está haciendo esperar.
Y hablo contigo Oscar y te cuento cómo estoy y como te llego a echar de menos, siempre te doy los buenos días deseando que hoy sea un día «suave» con menos tormentas.
GRACIAS, a mi pilar, a ese hombro que tengo en el que llorar siempre, a esa persona que se ha vuelto indispensable para seguir respirando, al sustento de mi vida, que me alimenta y me consuela, que si ti no sabría como sobrellevar este daño irreparable, que juntos podemos tirar adelante y que solo con mirarnos a los ojos sabemos cómo ha ido el día, gracias Jorge, mi vida, por estos 30 años de unión inquebrantable, aún en los peores momentos siempre la balanza ha tirado hacia lo positivo, gracias por dejarme estar a tu lado, yo siempre estaré cerca de ti también, firmo contigo 30 años más para seguir sumando risas y lágrimas, abrazos y confidencias. Te quiero en mi vida, me has dado lo mejor de la mía, mis hijos a los que hemos querido con toda el alma y aún equivocándonos hemos intentado sacar de ellos lo mejor, y creo que lo hemos logrado, al menos esa parte la hemos hecho bien, son buenas personas, con corazón.




Y ahora me toca tener un poquito de suerte, no? ahora de camino al hospital, debo esperar que la cirugía de urgencia de mi madre salga bien, que digo que, nos podían haber dado un poquito de tregua y que hoy, 3 meses sin mi niño no tuviera que estar en una sala de espera otra vez, deseando que quien tenga a mi madre a su merced lo haga bien, como toca, como si de su madre se tratara.

Llorar con mi madre cuando nos dicen que tiene la cadera rota y que hay que operar es remover el sufrimiento, no por favor más quirófanos no, que hasta verle salir de quirófano, es sentir que no, otra vez no quiero entrar aquí. Que me diga mi madre entre lágrimas -«mi niño me está esperando» y que yo no sea capaz de articular palabra de consuelo más que apretarle la mano, es que no puede ser, que ya está bien, que nos deje la vida tranquilos, que necesitamos aire que respirar, llenar los pulmones de aire y sacarlo sosegadamente, que podamos disfrutar de algo de paz.
Y el único que me da sosiego y sé que está ahí es Oscar, porque Oscar ha sido el técnico de emergencias sanitarias que tan dulcemente trató a mi madre en todo momento, no sé como pero mi madre supo su nombre. Porque con una media de edad en urgencias de 70 años tuvimos a nuestro lado a un chico como Oscar, con luxación de hombro y se fue feliz por estar tan solo una horas allí, sí … que suerte. Así que yo sí creo que de alguna forma Oscar me dice, mama yo estoy aquí y voy a cuidar de la yaya.
Hoy me dijeron, «¿Qué más, cómo va la vida?»
Y yo pensé, «¿Cuál vida?»
