Hoy hace 3 meses que, escuchando “You are not alone”, entrábamos en la Iglesia de Sant Just para despedirte, con todo el honor, respeto, amor y cariño que merecías. Arropados por todos los que te querían fuimos viendo tras de ti a cientos de ojos vidriosos que ocultaban el dolor de perderte, un silencio ensordecedor que transmitió el profundo abandono que sentimos todos y una desolación que recorría el pasillo de principio a fin. El papa, la tata, Max y yo intentamos mantener la serenidad y entereza que merecías, acompañándote una vez más, esta vez no a una carrera, no al cine, no a un partido, fue nuestro último viaje juntos…
Hubo una Iglesia abarrotada de almas que susurraban «estamos con vosotros», una música que daba calor a todos, que nos hacía sentir que todos éramos uno.

Las palabras de amor y gratitud que allí se escucharon seguirán en nuestro corazón.
“Honor a él” así marchábamos de aquel lugar, acompañándote hasta tu lugar de reposo, el último viaje juntos, donde la música en el coche nos acompañaba y secaba nuestras lágrimas, escoltado por el rugir de las motos de tu tía, una escolta homenaje con tanto sentimiento como ensordecedor fue su paso por toda la avenida.
Ese descanso que jamás tendríamos que haber vivido, nunca con 18 años, con esa vida por delante llena de sueños, retos, vivencias, errores y logros, una vida que te correspondía solo a ti. Que te arrebataron sin más.





Dicen que el perdón alivia, quién me lo puede explicar? Yo no veo perdón sino justicia hacia todas las personas de Clinica Teknon y Anestalia que decidieron, tocaron y bajo su decisión, anularon de por vida a mi hijo. Yo les entregué a mi niño en una camilla perfecto, sano y sin dolencias y ellos, con su mal hacer, omisión o incompetencia me devolvieron un cuerpo anulado, sin vida, mantenido por un respirador artificial…perdón? Eso se lo dejo a los que crean en ello, yo prefiero justicia, justicia implacable terrenal, divina y moral. Que se despierten todos y se acuesten cada día siendo conocedores de la gravedad de su mal hacer, del daño provocado a TODOS, a niños con terapia psicológica, a padres hundidos, sin objetivos, respirando día a día; a una gran familia rota injustamente, a una hermana que no encuentra su lugar en el mundo, a unos amigos que llevan tatuado su nombre y lo que les unió de por vida en su piel. Deseo que no volváis a dormir plácidamente como no lo hago yo, que mis lágrimas de noche empañen vuestra ridícula y triste vida y que las de día, esas lágrimas que jamás ocultaré porque son el reflejo de mi dolor y lo que me unió a él, os muestren la tormenta diaria que sentimos y sentiremos de por vida, por vuestra culpa, por vuestra gran culpa.
Hoy regresamos a casa contentas, mi madre tras una semana en hospital vuelve a casa, con ánimo de mejorar cada día, fuerte; seguiremos cuidándola como se merece, ahora entiendo de donde saco las fuerzas para seguir adelante.


Hoy sí, hoy nos vamos todos a casa, durante estos días las zapatillas que Oscar le dió en vida a su yaya, han hecho que coja más fuerza que nunca y empiece a caminar, pasito a pasito. Ya dije que sabía que Oscar estaba cerca para cuidarle, así es. Ha sido la alegría de la planta con sus uñas arregladas y sus zapatillas de deporte relucientes, “son de mi nieto, me las vendió por 10€”
Hospital Moisés Broggi, mi madre ha estado muy cuidada, atendida y acompañada. Todo el equipo multidisciplinar ha sido de un tacto, amabilidad y comprensión excepcionales; trauma, fisio, enfermería, auxiliares de ojos bonitos, geriatría adorable y celadores, todos, todos además de hacer bien su trabajo han mostrado su lado más humano, una sonrisa, una broma o un ¡Buenos días!…más que suficiente para sentirse tranquila y atendida. GRACIAS. Porque este duro momento no hubiera sido igual sin vuestro cariño por vuestro trabajo.
Y mañana iré a verte allí donde tu cuerpo descansa y volveré a preguntarte -¿qué haces aquí?
«Aquí en mi corazón sigues doliendo como si hubieras marchado ayer, el tiempo no ha hecho su magia, eso que dicen, que él todo lo cura»
