Querido Oscar: pasan los días sin ti, tres meses ya y los recuerdos de tu vida van y vienen sin cesar. Son muchos en tus 18 años, muchos, muy bonitos y muy entrañables. Al recordarlos y verte en compañía de tantas personas, nos dan una idea del porqué el día de tu homenaje tuviste esas sinceras demostraciones de simpatía y de cariño de familias enteras, que nos llenó de emoción al pensar que una sola persona, con su modo de actuar, y ahora con su ausencia, pueda generar tanto dolor contenido y tanta pena, y al mismo tiempo tanto entusiasmo, con lágrimas en los ojos, por dar el último adios a un chaval, que con sólo la práctica del deporte, llenó las vidas, durante un tiempo, de tantos jóvenes que sintieron por él admiración y respeto.
Dime, querido nieto: ¿Qué clase de magia tenía tu persona?. ¿Qué efecto producía tu presencia, que solo con tu sonrisa te ganabas el aprecio de la gente, y allí donde ibas dejabas el rastro de tu carisma, tu sencillez, tu naturalidad y tu buen hacer.
Es difícil no llevar a personas como tú en el corazón, y más difícil aún cuando no te dieron la ocasión para una despedida. Tu cuerpo ya no está con nosotros, querido nieto, pero tu espíritu llenará nuestras vidas para siempre.
Justino
